No solemos lanzarnos a abrazar a un desconocido por la calle. Pero si lleva una botarga enorme y esponjosa, de pronto parece una gran idea. Un momento: por fuera hay peluche; por dentro, una persona de carne y hueso.
Lo adorable no da permiso
El peluche de tu habitación es tuyo. El personaje que saluda a los visitantes en un evento lo interpreta alguien. El disfraz hace muy bien su trabajo: dejamos de ver a una persona desconocida y sentimos que hemos encontrado a un personaje querido.
Esa cercanía es parte de la magia. No equivale a autorización para tocar o abrazar.
El traje no funciona como armadura
Un cabezón puede limitar la visión. La ropa gruesa acumula calor. Moverse o conservar el equilibrio cuesta más. Estudios sobre quienes llevan trajes de mascota han observado más calor y cansancio que con ropa normal. La apariencia crece; los puntos de vida, no.
También importa distinguir entre acercarse corriendo y detenerse a tiempo, y chocar realmente contra alguien. Para juzgar una escena, hay que mirar los hechos y las normas del lugar.
Disfrutar sin invadir
Sigue las indicaciones del personal y acércate con calma. Los abrazos y choques de manos solo cuando estén previstos y el intérprete los acepte. Una foto o un saludo pueden ser igual de especiales.
La botarga puede convertir un mundo ficticio en algo tangible. Lo que no puede hacer es suspender la gravedad ni las fronteras del cuerpo ajeno.
