Description: Un sitio creado a toda velocidad con instrucciones de voz descubrió que su problema estaba en cómo servía las páginas.
¿Es contradictorio admirar la capacidad de una IA y repetirle que arregle algo cuanto antes? No. Valorar una habilidad y exigir resultados son cosas distintas.
Un creador pulsaba el micrófono, dictaba una idea y dejaba que sus asistentes de programación la implementaran. En aproximadamente un mes aparecieron artículos, juegos y funciones nuevas. La escritura del código ya no era el cuello de botella.
Entonces el sitio empezó a mostrar páginas que parecían de un mes atrás. Algunos artículos recientes devolvían errores 404. Según la explicación técnica recibida, un Worker construía las páginas cuando llegaba cada visita, mientras que la versión estática contenía solo una parte. Al agotar la cuota gratuita, podían aparecer contenidos antiguos. Harían falta registros del servidor para confirmar el diagnóstico.
El momento era pésimo. El responsable calculaba que el tráfico diario había pasado de unos 60 a 200 y después a casi 2.000. Son cifras aproximadas, pero la imagen es clara: justo cuando llega la fila de clientes, la tienda cierra la puerta.
La solución propuesta consiste en separar la creación del contenido, su publicación y su entrega. Generar páginas estáticas antes de recibir visitas y reservar las funciones dinámicas para lo imprescindible. Después hay que comprobar las URL reales y los límites del servicio.
Con compañeros principiantes, el creador prefería reconocer primero lo que habían hecho bien. Con la IA era mucho más directo. No por considerarla incapaz, sino precisamente porque esperaba mucho de ella.
Repetir una orden también puede provocar interrupciones. Mejor restaurar primero las páginas populares, migrar la arquitectura por separado y verificar la web pública. La IA corría; la puerta de entrada del sitio se había quedado atrás.


