¿También se deprimen los ratones y las moscas? Qué hay detrás de que un animal «no se mueva»

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Un ratón que elige agua azucarada con menos frecuencia y una mosca que deja de intentar cruzar un hueco. Si añadiéramos el subtítulo «Han perdido la motivación» a las imágenes del experimento, podría parecernos extrañamente convincente. Pero esas palabras no las han dicho los animales.

Entonces, ¿en qué pistas se basan los investigadores para hablar de algo «similar a la depresión»? Lo interesante es que no se limitan a observar si un animal parece tener energía. Estudian por separado conductas como comer, moverse o intentar algo por iniciativa propia. Aunque dos animales permanezcan quietos en un mismo lugar, no necesariamente lo hacen por la misma razón.

¿Qué le pasa a un ratón que no elige agua azucarada?

En la investigación sobre la depresión con roedores se utiliza una prueba que mide cuánta agua y cuánta agua azucarada eligen beber los animales. Una menor preferencia por el agua azucarada se emplea como indicador de que la respuesta a la recompensa podría haberse debilitado. La idea es estudiar, a través de la conducta, una faceta de un síntoma humano: no disfrutar de cosas que antes resultaban agradables.[1]

Pero imaginemos que alguien tiene delante su comida favorita y no la toca. Quizá haya dejado de resultarle apetecible, o quizá ya esté saciado. Si se trata de una bebida, también importan la sed y la facilidad para beberla. Tras observar un resultado, todavía quedan muchas condiciones por comprobar.

Por eso, entre la observación «No eligió agua azucarada» y la interpretación «Ha dejado de sentir placer» sigue habiendo espacio para investigar. Examinar otras conductas, el estado físico y las condiciones que se comparan permite acotar la pregunta. Sería muy práctico poder leer la mente de un animal solo por la bebida que elige, pero los experimentos empiezan por cuestionar esa interpretación aparentemente tan sencilla.

Una mosca que no intenta trepar, ¿tampoco puede escapar?

En un estudio publicado en 2017, Ries y sus colaboradores sometieron a moscas de la fruta macho a estrés repetido mediante vibraciones. Al cabo de tres días, las moscas hacían menos intentos de trepar ante un hueco difícil de salvar. En cambio, conservaban conductas de respuesta a estímulos, como las de huida. Los autores llamaron a esta situación «estado similar a la depresión».[2]

Esta combinación es importante. Si solo sabemos que un animal «no se mueve», resulta difícil distinguir si no puede mover las patas, si está cansado o si ha disminuido su tendencia a intentar algo por iniciativa propia. Comparar qué se reduce y qué se conserva ayuda a entender el fenómeno que se está estudiando.

El mismo estudio examinó también la actividad de neuronas relacionadas con la serotonina y los cambios de conducta al administrar sustancias como el litio. Una ventaja de trabajar con estas diminutas moscas es que permiten investigar experimentalmente los mecanismos que vinculan el estrés y la conducta.[2]

Ahora bien, lo que se midió fue la conducta de moscas en unas condiciones concretas. De ahí no puede concluirse que la depresión humana se explique por la falta de una sola sustancia, ni se obtiene una razón para probar medicamentos o suplementos por cuenta propia. Producir un cambio en las moscas no equivale a haber encontrado un tratamiento seguro y eficaz para las personas: eso requiere otras comprobaciones.

La distancia que marca decir «similar a la depresión»

Al evaluar la depresión en una persona, se consideran los cambios de ánimo y de interés, además del sueño, el apetito, la forma de pensar y las repercusiones en la vida cotidiana. Lo que cuenta la propia persona también es una pista importante.[3] Como no se puede entrevistar a los animales del mismo modo, se seleccionan características observables para compararlas.

Por ejemplo, supongamos que un animal deja de acercarse a otros. ¿Los evita también cuando se trata de individuos distintos? ¿Han cambiado su alimentación y su conducta exploratoria? ¿Vuelve a comportarse como antes al día siguiente? Al encadenar estas preguntas, la impresión de que «parece sentirse solo» se convierte en aspectos que pueden estudiarse.

En un artículo publicado en línea en 2022, von Mücke-Heim y sus colaboradores propusieron un marco para caracterizar los estados de los ratones a partir de su duración, sus efectos sobre el funcionamiento cotidiano y la presencia de varias características. Se trata de una propuesta para facilitar la comparación entre estudios, no de criterios diagnósticos establecidos para los animales en general.[1] La expresión «similar a la depresión» permite investigar semejanzas sin dar por resuelto lo que aún se desconoce.

Si viéramos un topo sin tierra para excavar, ¿qué preguntaríamos primero?

«¿Se deprime un topo que vive en un lugar donde no puede excavar?» Es una pregunta que invita a reflexionar. Sin embargo, los estudios con ratones y moscas que hemos visto no permiten determinar el estado de ese topo. A partir de aquí, se trata de un ejemplo hipotético para pensar en cómo observar.

Antes de atribuirle un monólogo como «El topo de al lado vive en un terreno mejor», probemos a cambiar las preguntas. ¿Puede conseguir alimento? ¿Puede descansar? ¿Tiene dónde esconderse? Así, en lugar de limitarnos a imaginar lo que siente, concretamos qué condiciones de vida queremos comprobar. No son instrucciones para cuidar a un topo, sino una reflexión sobre el orden en que buscamos explicaciones.

Por la misma razón, sería precipitado colocar en fila a mamíferos, insectos y medusas y trazar una frontera a partir de la cual «los animales no se deprimen». Al cambiar de especie, cambian las conductas y las formas de medirlas. No podemos ir más allá del alcance de estos estudios y elaborar una clasificación de especies según tengan o no sentimientos. Es importante no confundir la falta de un método para investigar un fenómeno con la ausencia del fenómeno.

¿Hasta dónde sirve la metáfora del «modo de baja potencia»?

Llamar «modo de baja potencia» a la disminución de la exploración espontánea o de los intentos por conseguir algo ayuda a hacerse una idea. Pensemos, por ejemplo, en poder iniciar un videojuego, pero no seguir jugando como de costumbre. Esa escena dirige la atención hacia diferencias que no se explican solo preguntando si alguien puede moverse.

Sin embargo, esta expresión no es un diagnóstico ni una explicación de las causas. La depresión humana también puede ir acompañada de mucha agitación o inquietud.[3] Observar una reducción de la actividad no basta para concluir que es «una función de ahorro de energía que sirve para sobrevivir» o que «se pasará si no hacemos nada».

Cuando una persona lo está pasando mal, puede ir añadiendo pensamientos sobre sí misma: «Otra vez no he podido» o «Todo seguirá igual». Aun así, resumir la depresión como «el modo de baja potencia de un animal, más darle demasiadas vueltas a las cosas» dejaría fuera las diferencias de estado físico, experiencias y entorno. La investigación con animales aporta más pistas para comparar. No sirve para despachar el sufrimiento humano en una sola frase.

Cómo explicar que te sientes sin energía

Si este artículo te ha hecho preocuparte por tu propio estado, poner en palabras lo que ha cambiado realmente será más útil para pedir ayuda que intentar diagnosticarte a partir de un experimento con moscas. Además de decir «Tengo el ánimo bajo», podrías describir dificultades como «Me cuesta preparar la comida», «Me despierto en mitad de la noche» o «Ya no disfruto de lo que antes me gustaba». Son ejemplos para explicar lo que te ocurre, no una lista de comprobación para diagnosticarte.

Si el malestar o las dificultades en la vida diaria persisten, o si ya lo estás pasando mal, puedes consultar con un profesional sanitario. Existen tratamientos para la depresión, como la psicoterapia y los medicamentos, y el apoyo que necesita cada persona es distinto.[3] No tienes que cargar a solas con la responsabilidad de resolverlo diciéndote que basta con «buscar otro terreno».

Una pregunta más antes de decidir qué siente un animal

Los estudios con ratones y moscas permiten examinar con más detalle lo que encierra una expresión tan amplia como «estar sin ánimo». ¿No bebe? ¿No intenta hacer cosas por iniciativa propia? ¿Puede responder a los estímulos? ¿Vuelve a su vida habitual? Cuantos más aspectos observamos, más diferencias aparecen que no eran visibles a primera vista.

La próxima vez que veamos un titular como «Las moscas también se deprimen», vale la pena hacerse una pregunta más: «¿Qué midieron y qué cambió?». Hay mecanismos muy interesantes por explorar, sin necesidad de dar por hecho que sabemos lo que siente un animal.

Referencias (3)

  • [1] von Mücke-Heim y colaboradores: Introducing a depression-like syndrome for translational neuropsychiatry: a plea for taxonomical validity and improved comparability between humans and mice (publicación en línea en 2022; incluido en un número de la revista de 2023). Propuesta de un marco de evaluación para la investigación con ratones. https://www.nature.com/articles/s41380-022-01762-w
  • [2] Ries y colaboradores (2017): Serotonin modulates a depression-like state in Drosophila responsive to lithium treatment. Investigación original con moscas de la fruta. https://www.nature.com/articles/ncomms15738
  • [3] NIMH: Depression. Información oficial sobre los síntomas de la depresión humana, la búsqueda de ayuda y el tratamiento. https://www.nimh.nih.gov/health/publications/depression

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