Un día libre a solas puede resultar agradable porque podemos elegir qué hacer y cuánto descansar. Quizá importe tanto esa libertad como la ausencia de otras personas. Pasar tiempo a solas porque hoy nos apetece y pasarlo sintiendo que nos falta la compañía que deseamos son experiencias distintas.
Ver una película o una serie que nos gusta. Salir a comer. Tomar algo, quedarse un rato sin hacer gran cosa y volver a casa. Ningún acontecimiento espectacular y, aun así, un día bastante bueno.
Como plan para contar, tiene poco brillo. Como forma de vivir, tiene bastante a su favor.
Quiero pensar en ese día separando lo que permiten decir las investigaciones de mis propias propuestas. Poder disfrutar a solas tampoco debería convertirse en la obligación de vivir sin pedir ayuda.
Estar a solas y sentirse solo
Incluso cuando podríamos ver a familiares o amigos, a veces queremos pasar el día a nuestro ritmo. Otras veces llevamos demasiado tiempo sin compañía y queremos ver a alguien, pero no podemos. La habitación puede ser la misma; la experiencia cambia.
Además de contar cuántas personas hay alrededor, importa cómo vivimos ese tiempo y hasta qué punto podemos elegirlo.
Nguyen y sus colegas estudiaron la relación entre la tendencia a actuar de forma autónoma y la motivación autónoma para pasar tiempo a solas. Fueron dos estudios con diarios de estudiantes universitarios. No un experimento que demostrara que elegir estar a solas hace feliz a cualquiera.
Preferir la soledad tampoco equivale a pasar tiempo a solas por voluntad propia. No hace falta suponer que, por ser introvertida, una persona siempre se recuperará mejor sin compañía.
Hoy puede apetecernos estar a solas y mañana hablar con alguien. Me parece valioso poder elegir también cuando cambian esas ganas.
Elegir por uno mismo no significa prescindir de los demás
La teoría de la autodeterminación destaca tres necesidades psicológicas básicas: autonomía, competencia y relación con los demás. Es decir, sentir que actuamos por voluntad propia, que somos capaces y que estamos conectados con otras personas.
Autonomía no significa hacerlo todo sin ayuda. También podemos actuar de acuerdo con lo que queremos mientras colaboramos con alguien o aceptamos su apoyo.
Por eso, valorar los días libres a solas no implica que reducir nuestras relaciones vaya a hacernos más felices.
Elegir qué comer. Quitar un plan cuando estamos cansados. Aceptar una invitación unas veces y proponer otro día en otras. Esas pequeñas opciones permiten que nuestra vida no quede enteramente a merced de los horarios ajenos.
El trabajo, el dinero, los cuidados o la crianza limitan la libertad de muchas personas. Tener pocas opciones no es una falta de esfuerzo. La pregunta es si, aunque no podamos cambiarlo todo, hoy podemos elegir una cosa pequeña.
Un día dedicado a comer algo rico también tiene contenido
Comer sirve para mantenernos vivos. Pero decidir dónde, qué pedir y si volver enseguida o quedarnos un rato cambia la experiencia.
Dar un sorbo y pensar: «Qué bueno está». Ver llegar la comida y decirnos: «Hoy he acertado». Aunque no haya ninguna foto que enseñar, ese rato sigue siendo nuestro.
En psicología, savoring se refiere al proceso de prestar atención a las experiencias agradables y saborearlas. La investigación estudia cómo funciona, las diferencias individuales y los contextos en los que ocurre. No es una receta que garantice mejorar el ánimo tomando nuestra bebida favorita.
A mí me parece más manejable reparar una vez en un pequeño placer que ya está ahí que llenar la agenda para fabricar el día libre perfecto.
Sería una lata que salir a comer para disfrutar acabara convertido en una presentación de resultados sobre nuestra felicidad. Si estaba rico, ya hubo algo bueno en el día. A veces basta con eso.
No hace falta sacar sobresaliente en no hacer nada
Hay días en que elegir «ahora voy a descansar» nos da tranquilidad. Otros estamos tan agotados que no podemos hacer nada, pero seguimos pensando en todo lo pendiente. Podemos estar tumbados de la misma manera y sentirnos muy distintos.
No quisiera clasificar lo primero como descanso bueno y lo segundo como descanso malo. Cuando el cansancio no nos deja hacer nada, no necesitamos añadir la nota de «ni siquiera he sabido elegir bien mi descanso».
La investigación de Sharif y sus colegas sobre tiempo libre y bienestar subjetivo examinó una relación que no consiste simplemente en que más tiempo libre equivalga a más bienestar. También abordó cómo se emplea ese tiempo. Parte de los experimentos pedía imaginar una vida hipotética y responder sobre ella. No se asignaron horas reales de descanso para comprobar sus efectos en la vida cotidiana, ni esos resultados permiten fijar el descanso óptimo de cada persona.
Lo útil es recordar que acumular horas libres no tiene por qué ser el único objetivo. ¿Hoy quiero descansar, estoy algo aburrido o me gustaría hablar con alguien? Si tenemos margen, la investigación puede ayudarnos a plantearnos esas preguntas.
A veces basta con poder decir: «Por hoy, esto está bien». Si hasta descansar exige una justificación impecable, cualquier día nuestro día libre presenta la dimisión.
Pasear es una opción; 120 minutos no son una cuota que cumplir
Caminar un poco para ir a comer. Cambiar el camino de vuelta. Pasar un rato en una zona verde cercana. No hace falta convertir el ejercicio en un gran evento para encontrar un motivo para salir.
En un estudio de 2019, White y sus colegas analizaron la relación entre el tiempo pasado en la naturaleza y la salud y el bienestar declarados por los participantes. En las categorías de 120 minutos semanales o más se observó una asociación con mejores resultados.
Era un estudio observacional. No establece que pasar tiempo en la naturaleza sea la causa de esos mejores resultados, ni que 120 minutos sean el mínimo necesario para todo el mundo. Además, estudió el tiempo en la naturaleza: no todo puede atribuirse al efecto de caminar.
Como propuesta para un día libre, prefiero elegir un lugar accesible que encaje con mi estado físico y mis posibilidades de desplazamiento antes que contar cuántos minutos me faltan esta semana. No perdemos el derecho a sentirnos bien los días en que caminar resulta difícil o no podemos salir.
Para quien necesita un destino que le anime a ponerse en marcha, una comida que le apetece puede servir de aliciente. Un día libre en el que la comida nos saca de paseo.
«70 % de lo de siempre y 30 % de cambio» es mi referencia
El restaurante habitual, las historias que nos gustan, el camino conocido. Tener una rutina cómoda puede estar bien. También puede llegar un día en que nos aburra un poco.
Mi propuesta para esos momentos es mantener la base y cambiar algo pequeño. Si tuviera que ponerle números, diría un 70 % fijo y un 30 % de variación. No es una proporción ideal de felicidad obtenida por la ciencia ni algo que haya que calcular con precisión.
- Pedir otro plato en el sitio de siempre
- Cambiar solo la bebida
- Variar un poco el camino de vuelta
- Elegir otra película, serie u obra
- Escribir a un amigo cuando apetezca
Si cambiarlo todo cansa, basta con una cosa. Si lo habitual resulta agradable, también está bien dejarlo como está.
Acostumbrarse a algo no significa que pierda necesariamente su valor. Me interesa conservar una rutina fácil y añadir una opción, más que renovar los estímulos sin descanso. Una idea flexible, nada más.
Dejar espacio para estar a solas y para buscar compañía
Saber construir un día «bastante bueno» a solas puede ayudarnos a no ver cada encuentro como el único modo de arreglar nuestra vida. Pero las relaciones tampoco son un servicio para mantenernos cómodos: la otra persona tiene sus propios deseos y circunstancias.
Lo importante es poder hablar de lo que queremos y de lo que preferimos rechazar, en lugar de apartar a cualquiera que nos resulte mínimamente incómodo. Acordar cuándo salir juntos, cuándo hacer planes por separado y cuándo pedir ayuda amplía las opciones de ambos.
Disfrutar de una amistad y poder compartir el ritmo y las cargas de la vida cotidiana son cuestiones diferentes. Si estamos pensando en vivir con alguien, el siguiente paso puede ser distinguir la amistad de las responsabilidades de convivir.
Y si un día estar a solas duele, no hace falta aguantar pensando que deberíamos saber disfrutarlo. Podemos contactar con alguien a quien queramos ver, buscar un espacio en el que nos resulte fácil participar o pedir apoyo si lo necesitamos. Hay sitio para elegir tiempo propio y para desear compañía.
Un día libre sin grandes acontecimientos también cuenta
Ver algo que nos gusta, comer, salir un poco y no hacer gran cosa. Parece que no hemos logrado nada, pero hemos elegido una forma de pasar el tiempo que nos encaja.
No hace falta decidir que estar a solas da felicidad o que tener compañía la garantiza. ¿Cómo quiero pasar hoy el día? ¿Cuánto necesito descansar? ¿Con quién quiero conectar? Tiene valor poder elegir alguna vez nuestras respuestas.
Las investigaciones pueden orientarnos al pensar en ello. No ofrecen un horario que garantice la felicidad ni una plantilla para puntuar el descanso.
«Hoy no ha estado nada mal». Si podemos decir eso, el día tenía algo propio que ofrecer, aunque no haya ocurrido nada espectacular.
Referencias (5)
- Ryan y Deci: autodeterminación y bienestar: exposición teórica sobre autonomía, competencia y relación con los demás.
- Nguyen y colegas: tendencia a actuar de forma autónoma y motivación para estar a solas: estudios con diarios de universitarios. La asociación con la motivación autónoma no garantiza que estar a solas produzca felicidad.
- Bryant: teoría e investigación sobre savoring: revisión del proceso de saborear las experiencias agradables y de cuestiones abiertas en la investigación.
- Sharif y colegas: tiempo libre y bienestar subjetivo: investigación sobre la cantidad de tiempo libre y la forma de emplearlo.
- White y colegas: tiempo en la naturaleza, salud y bienestar: estudio observacional de 2019. Los 120 minutos no son una dosis prescrita para cada persona.


