La vida sigue su curso. No hay grandes problemas. Aun así, llega el domingo por la noche y te preguntas: «¿Ha pasado algo interesante esta semana?».
En esos momentos, antes de rehacer tu vida de arriba abajo, conviene mirar por separado el tiempo que te desgasta en el trabajo, el que compartes con personas con las que te sientes a gusto y las experiencias nuevas. Lo que quieres reducir y lo que quieres sumar requieren medidas distintas.
Si tu vida actual merece un 75, puedes hacer pequeños experimentos sin perder esos 75 puntos. Aquí la puntuación es una forma de expresar cómo te sientes, no el resultado de un diagnóstico ni de una medición. Tampoco hay una fórmula que prometa llevarte a 90.
Antes de buscar lo que falta, haz una lista de lo que quieres conservar
Una habitación donde duermes bien, una amistad con la que puedes hablar sin reservas, una tarde a solas. Cuando disfrutamos de algo a diario, es fácil que termine formando parte del paisaje.
Para empezar, anota tres cosas que querrías conservar aunque hicieras cambios. Por ejemplo, dejar libres las mañanas de tus días de descanso, poder pagar el alquiler sin apuros o ver a tus amistades una vez al mes.
Esas tres cosas te servirán de referencia a la hora de añadir planes. Si una nueva afición acaba ocupando esas mañanas tranquilas que tanto te gustaban, tu agenda estará más llena, pero tu vida tendrá menos espacio.
No intentes compensar todo el cansancio del trabajo con planes de fin de semana
El viernes por la noche ya no te queda batería. El sábado lo dedicas a recuperarte y el domingo, por fin, tienes energía para hacer algo. Si esa secuencia se repite, antes de buscar más opciones de ocio merece la pena ver si puedes reducir una fuente de desgaste entre semana.
Por ejemplo, si cada vez que preparas un informe o una presentación aparecen nuevos requisitos cuando ya casi has terminado, aclara antes de empezar: «¿Quién va a usar este material y para tomar qué decisión?» y «¿Qué debe estar listo para poder entregarlo?». No se trata de hacer el trabajo con menos cuidado, sino de evitar subir tres veces la misma cuesta.
Al revisar tu entorno laboral, tampoco basta con que un puesto se describa como «un trabajo con libertad». Concretar qué situaciones te cansan, como las interrupciones, los mensajes fuera de horario o el margen que tienes para decidir cómo trabajar, ayuda a identificar qué condiciones quieres cambiar. La forma de trabajar que encaja con cada persona es distinta.
No dejes todos los puntos que faltan en manos de alguien cercano
Tener a alguien con quien puedes hablar de tus dificultades sin estar a la defensiva cambia cómo se siente el día a día. Hay quien desea una pareja y quien prefiere profundizar en sus vínculos con amistades o familiares.
Más que el nombre de la relación, importa cómo están juntos. ¿Puedes decir «hoy necesito descansar a solas»? ¿Pueden hablarlo cuando sus planes no coinciden? ¿Pueden ir a un lugar nuevo y disfrutar descubriendo qué le resulta interesante a cada uno?
Una comida breve o un paseo también pueden mostrar mucho. Que la otra persona respete un pequeño «no» importa tanto como una conversación que fluye durante una noche estupenda.
Aunque sientas soledad, pedirle a una sola persona que resuelva a la vez tu cansancio laboral, tu aburrimiento y tu incertidumbre sobre el futuro es ponerle mucho peso encima. Conviene reservar tiempo tanto para cultivar los vínculos como para cuidar tu propia vida.
Suma a tus días tranquilos una experiencia que cambie tu manera de ver algo
Oishi y Westgate proponen la «riqueza psicológica» como otra dimensión desde la que pensar una buena vida, junto con la felicidad y el sentido. Se refieren a una vida que incluye experiencias variadas, interesantes y capaces de cambiar la perspectiva. Es una dimensión relacionada con la felicidad y el sentido, pero distinta de ambas; los autores no afirman que sea una forma de vivir superior a las demás. Artículo original
Puedes abrir un libro sobre un tema que no sueles leer. Visitar una exposición cerca de casa y preguntarte por qué alguien creó esa obra. O preguntarle a una amistad: «¿Qué tiene de interesante tu trabajo que quienes lo vemos desde fuera no alcanzamos a conocer?».
La novedad no exige viajar lejos ni enfrentarte a algo que te da miedo. Basta con que una calle conocida te despierte una pregunta nueva para que el siguiente paseo sea un poco distinto. Estas propuestas son ejemplos de cosas que puedes probar, no recetas con un resultado garantizado.
No conviertas el tiempo de disfrute en un examen
Si durante una salida te preguntas a cada rato «¿esto me ha hecho más feliz?», te toca encargarte tanto de disfrutar como de auditar la experiencia. Demasiado trabajo para un día de descanso.
En un estudio de 2011, Mauss y sus colegas encontraron que, en determinadas condiciones, dar mucha importancia a la felicidad se asociaba con un menor bienestar subjetivo. En un experimento, además, los participantes a quienes se había animado a valorar más la felicidad mostraron una respuesta menos positiva ante un video agradable que el grupo de control. El estudio tiene un alcance limitado por las personas y las situaciones que examinó; no permite concluir que todas las personas que desean ser felices acaben siendo infelices. Artículo original
Si quieres hacer balance después de probar algo, en lugar de preguntar «¿cuántos puntos he ganado?», basta con algo como «¿me gustaría repetir?», «¿me quedó cansancio?» o «¿descubrí algo que me apetezca contarle a alguien?».
Esta semana, reduce una cosa y prueba otra
Acorta una tarea que siempre se alarga. Comparte un rato con alguien a quien tengas ganas de ver. Pasa por esa exposición que te llamaba la atención. No hace falta meterlo todo en la misma semana.
Primero, elige una manera de reducir el desgaste. Después, una cosa que quieras probar con la energía que te quede disponible. Si esta semana necesitas descansar, puedes dedicar ese espacio al descanso.
Conserva lo bueno que ya tienes y deja a tu yo de la próxima semana una pequeña historia que contar. La respuesta a esa sensación de que falta algo puede empezar por un paso así de pequeño.
