¿Por qué cuesta reducir las tareas de casa y del trabajo? Cómo revisar los «por si acaso»

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Reducir las tareas domésticas o del trabajo puede resultar difícil porque las actividades necesarias se mezclan con pasos que aportan tranquilidad, y la responsabilidad por lo que ocurra al eliminarlos sigue recayendo en una sola persona. También pueden influir la costumbre, la preocupación por cómo se valorará el resultado y la dificultad de pensar, de entrada, en opciones que consistan en hacer menos. Para empezar, conviene distinguir en cada tarea el resultado que hay que garantizar de los pasos que podrían omitirse.

Alinear las esquinas de las toallas. Retocar tres veces la redacción de un documento. Comprobar la comprobación anterior. Cada gesto parece pequeño, pero, acumulados día tras día, convierten la vida en una suscripción al «por si acaso». Lo único que no aparece es el botón para darse de baja.

«Hacerlo bien» puede reunir objetivos distintos

Al lavar la ropa, el objetivo básico es dejarla limpia, secarla bien y devolverla a un lugar donde pueda usarse. A eso pueden añadirse otras cosas: «Me gusta verla doblada así», «Mis padres me enseñaron a hacerlo de esta manera» o «No quiero que piensen que soy una persona descuidada».

Los gustos y la tranquilidad también importan en la vida cotidiana. Pero, si todo se trata como un requisito igualmente imprescindible, el trabajo no deja de crecer. En el momento en que «A mí me gusta así» se convierte en «Lo normal es hacerlo así», una preferencia personal pasa a ser ley de la convivencia.

En el trabajo, corregir un error y adaptar una frase al gusto de quien dirige el equipo tampoco tienen la misma importancia. Como ambas cosas vuelven marcadas en rojo, quien recibe el documento puede interpretarlas como incidentes de la misma gravedad.

Más que atribuirle una personalidad determinada a la otra persona, ayuda preguntar: «¿Qué evitamos con este paso adicional?». Si la respuesta es concreta, como proteger la seguridad, la higiene, un plazo o la comprensión de quien lee, se puede hablar de su necesidad. Si lo principal es quedarse a gusto, también se puede poner sobre la mesa el tiempo que cuesta satisfacer esa preferencia.

¿Está claro quién tendrá un problema si se elimina una tarea?

«Te preocupas demasiado. Deja de hacerlo» puede ser una frase dura para quien ya lleva la carga. Si una sola persona recuerda cuánto detergente queda, decide cuándo comprarlo y lo repone antes de que se acabe, contar únicamente cuántas lavadoras pone cada cual no permite entender el reparto del trabajo.

La investigación sobre el trabajo doméstico también estudia las tareas de anticipar necesidades, buscar opciones, decidir y comprobar los resultados. El estudio de Daminger muestra que mantener un hogar supone una carga que va más allá del trabajo manual. Sin embargo, los resultados obtenidos en unos hogares concretos no permiten determinar cómo se reparten las tareas ni qué motiva a las dos personas que tenemos delante. Estudio

Al hablar de reducir tareas, conviene incluir otra pregunta: «Si surge un problema, ¿quién se ocupará?». Si quien deja de hacer algo descansa, pero otra persona acaba resolviendo las consecuencias, la carga se ha trasladado.

Encargar la compra puede abarcar todo el proceso, desde revisar las existencias hasta reponer lo que falta, y no solo comprar los productos que alguien haya pedido. En el trabajo, eliminar una revisión puede ir acompañado de definir quién se responsabiliza y qué puntos debe comprobar. Cuando el alcance y la responsabilidad están claros, resulta más fácil hablar de soltar tareas.

Nos sale pensar «¿qué podemos añadir?»

Cuanto más ocupados estamos, más tentador puede resultar crear una lista de control, otra reunión o una advertencia adicional. Dan la sensación de haber tomado medidas, pero también añaden el trabajo de mantener esas medidas. Si acabamos redactando el acta de una reunión para reducir las tareas domésticas, quizá convenga detenerse un momento.

Un estudio de 2021, compuesto por ocho experimentos, encontró que los participantes tendían a pasar por alto cambios ventajosos que consistían en quitar elementos al buscar mejoras. También influían las condiciones de la tarea, como recibir una indicación para considerar opciones de eliminación. Estos experimentos no explican directamente las preocupaciones de un hogar ni las circunstancias de un lugar de trabajo, pero sí ofrecen una idea útil: proponer, al menos una vez, una opción que reduzca pasos. Artículo científico

Antes de «¿Cómo doblamos más rápido?», podemos preguntar «¿Hace falta doblarlo todo?». Antes de «¿Cómo agilizamos la revisión?», «¿Hay dos personas comprobando lo mismo?». Antes de competir por la velocidad, a veces podemos reducir el número de pruebas en las que participamos.

Quitar un pequeño paso y poder recuperarlo si hace falta

Para probar, conviene elegir un paso de poco riesgo y fácil de recuperar. Por ejemplo, acordar una forma más sencilla de doblar las toallas de uso común que permita guardarlas en su sitio, y observar juntos durante una semana si siguen siendo fáciles de sacar y usar. Es un ejemplo de cómo hacer una prueba, no un procedimiento cuya eficacia esté garantizada por la investigación.

En un documento, se pueden priorizar los errores numéricos o de significado y reunir las preferencias de redacción en una sola ronda de comentarios. Acordar de antemano qué significa «terminado» ayuda a evitar ese examen interminable en el que el criterio para aprobar cambia después de entregar el trabajo.

La higiene, la seguridad, las obligaciones legales y las comprobaciones imprescindibles del trabajo deben seguir sus respectivos criterios. La forma adecuada de secar la ropa o la ropa de cama también depende de los materiales y de las condiciones de la vivienda. Aprovechar una prueba de simplificación para eliminar controles importantes sería ir en contra del objetivo.

Un acabado más cuidado también consume tiempo

Para valorar un paso adicional, conviene contar, junto con el resultado, el tiempo, el cansancio, las explicaciones necesarias y el margen que conserva la persona encargada para encontrar su propia manera de hacerlo.

La libertad de decir «Esta forma de hacerlo me deja más a gusto» puede convivir con la posibilidad de que la otra persona proponga un método distinto. Se trata de compartir los resultados irrenunciables y dejar opciones en los detalles del proceso. Si alguien quiere cuidar todavía más algún aspecto, se puede acordar quién lo asumirá y hasta dónde.

El primer paso para reducir las tareas domésticas o del trabajo es hacer visible la carga necesaria y revisar los «por si acaso» de uno en uno. Si las esquinas de las toallas están perfectamente alineadas y las dos personas terminan agotadas cada noche, también conviene revisar cómo está quedando la vida en casa. Que las toallas vivan a cuerpo de rey no hace que las personas vivan mejor.

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  • Getting Things Done (edición en inglés)

    David Allen / Penguin (Non-Classics) / 2001

    Un libro sobre sacar el trabajo adelante, el tema de este artículo.

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