«¿Los animales que hibernan pasan meses durmiendo sin parar?». Al imaginar un oso acurrucado en su guarida, es fácil hacerse esa pregunta. Sin embargo, los osos también alternan entre el sueño y la vigilia durante la hibernación. Y en algunos animales pequeños, el sueño reaparece después de que recuperan su temperatura corporal habitual.
La clave para aclarar esta aparente contradicción es separar dos preguntas: «¿Cuánta energía está consumiendo el cuerpo?» y «¿En qué estado de sueño se encuentra el cerebro?». La hibernación no se explica simplemente como una siesta muy larga, pero eso tampoco significa que no se pueda dormir durante ella. Observar el metabolismo, la temperatura corporal y las ondas cerebrales permite descubrir qué hay detrás de una misma apariencia de inmovilidad.
¿Qué es el torpor y en qué se diferencia del sueño cotidiano?
El torpor es un estado en el que los animales regulan sus funciones corporales para reducir el gasto energético, por ejemplo, disminuyendo el metabolismo y manteniendo una temperatura corporal inferior a la habitual. Existe el torpor diario, que dura unas horas y va seguido de actividad y búsqueda de alimento, y también la hibernación, en la que se repiten episodios de torpor de varios días o semanas. En su estudio comparativo de aves y mamíferos, Ruf y Geiser describen las diferencias entre ambos a partir de factores como su duración y el grado de reducción del metabolismo.[1]
Si solo comparamos «cuántas horas pasó sin moverse», resulta difícil distinguir estos estados del sueño normal. En la investigación sobre el sueño se utilizan las ondas cerebrales y otras señales para identificar el sueño no REM, el sueño REM y la vigilia. En la investigación sobre la hibernación también importan la tasa metabólica, estimada a partir del consumo de oxígeno, y los cambios en la temperatura corporal.
Por ejemplo, aunque ambos estén acurrucados, lo que ocurre dentro de un animal pequeño cuya temperatura corporal ha descendido mucho es distinto de lo que sucede en un oso que la mantiene relativamente alta. Si llamamos «modo de bajo consumo» a la hibernación, lo importante no es si el cuerpo está encendido o apagado, sino cómo cambia el ritmo al que utiliza energía. Las funciones vitales, incluidas la respiración y la regulación de la temperatura, siguen en marcha.
¿Por qué el cuerpo vuelve a calentarse durante la hibernación?
Representar los meses de hibernación como un único episodio prolongado de torpor lleva a interpretar mal cómo pasan el invierno muchos mamíferos pequeños. Entre los períodos de baja temperatura corporal se intercalan otros en los que esta vuelve a su intervalo habitual.[1][2]
Si pensamos en la batería de un teléfono, este comportamiento puede parecer extraño: en pleno ahorro de energía, se introduce deliberadamente una operación de alto consumo. Recuperar la temperatura corporal les cuesta energía a los animales. Aun así, se calientan de forma periódica, y las razones se investigan en relación con diversas funciones fisiológicas, entre ellas el sueño.
Eso no significa que todo pueda explicarse con una sola razón, como «se despiertan para dormir». El papel de estos recalentamientos y hasta qué punto son necesarios siguen estudiándose según la especie y las condiciones.[1][2] Parte del interés de la hibernación reside precisamente en que no funciona según una regla tan sencilla como «cuanto más se ahorre, mejor».
¿Pueden los osos ahorrar energía sin enfriar mucho el cuerpo?
En un estudio de 2011 sobre osos negros americanos, la tasa metabólica durante la hibernación descendió hasta aproximadamente el 25 % de la tasa metabólica basal, mientras que la temperatura corporal se regulaba entre 30 y 36 °C en ciclos de varios días. Ese 25 % significa que el consumo se redujo a alrededor de una cuarta parte.[6]
Este ejemplo muestra que no basta con imaginar que el ahorro de energía aumenta en proporción directa al descenso de la temperatura corporal. El estudio observó que el metabolismo seguía reducido durante un tiempo después de recuperar la temperatura habitual y planteó que gran parte de la supresión metabólica no podía explicarse únicamente por el enfriamiento del cuerpo.[6]
Además, un estudio de 2026 validó un método de clasificación automática del sueño durante la hibernación y en verano. De los registros de ondas cerebrales, movimientos oculares y actividad muscular recopilados en 16 osos negros americanos en cautividad, se utilizaron los de seis osos, clasificados manualmente, como referencia para validar el método. El trabajo mostró que también durante la hibernación se podían distinguir el sueño no REM, el sueño REM y la vigilia.[7]
Si tratamos «hibernar o dormir» como dos opciones excluyentes, resulta difícil explicar lo que sucede en estos osos. Dentro de un cuerpo que ahorra energía, el cerebro alterna entre el sueño y la vigilia. Conviene recordar que las cifras y las características del sueño descritas corresponden a la especie y a las condiciones estudiadas. No son parámetros universales que puedan trasladarse sin más a los pequeños animales que hibernan.
Si duermen después del torpor, ¿les falta sueño durante la hibernación?
Un estudio de 2019 sobre el lémur ratón gris ofrece un ejemplo concreto para abordar esta pregunta. Se estudiaron seis machos en cautividad, registrando las ondas cerebrales y otras señales durante y después del torpor diario, en condiciones de temperatura ambiental de unos 25 °C y de 10 °C.[3]
Con una temperatura ambiental de unos 25 °C, se observaron sueño no REM y sueño REM durante el torpor. En las condiciones ambientales más frías, cuando la temperatura corporal descendía por debajo de unos 21 °C, las características de las ondas cerebrales propias del sueño habitual disminuían considerablemente o dejaban de observarse. En las condiciones de unos 25 °C, después del torpor también se registró un aumento de las ondas delta, relacionadas con la profundidad del sueño no REM.[3]
Esto indica que el tiempo pasado inmóvil y con una temperatura corporal baja no puede sumarse directamente como «tiempo de buen sueño». Por otra parte, sigue siendo objeto de debate si el sueño profundo posterior al torpor responde al mismo mecanismo que la falta de sueño habitual. La revisión de Heller y Ruby también recoge otras interpretaciones.[2]
Sería injustificado ampliar este pequeño estudio en primates hasta afirmar que «todos los animales que hibernan saldan su deuda de sueño en primavera». Más que el tiempo de descanso aparente, importa saber qué especie se estudió, a qué temperatura corporal y qué ondas cerebrales se registraron.
¿La somnolencia humana en invierno es la misma respuesta de ahorro energético?
En una mañana oscura, cuando no apetece salir de la cama, es natural decir: «Yo también quisiera hibernar». Pero esa sensación no se puede explicar mediante el mecanismo del torpor animal. Para comprender los problemas estacionales en las personas, conviene acudir a información médica sobre seres humanos.
El Instituto Nacional de la Salud Mental de Estados Unidos (NIMH) describe el trastorno afectivo estacional, conocido por las siglas inglesas SAD, como un tipo de depresión con un patrón recurrente asociado a las estaciones. En su forma invernal puede incluir dormir en exceso, comer demasiado y sentir antojos de carbohidratos, aumentar de peso y aislarse socialmente. También se investigan las relaciones entre los cambios en la luz solar, el reloj biológico y sustancias como la serotonina y la melatonina.[5]
Un solo síntoma, como «en invierno tengo sueño», no permite diagnosticar este trastorno ni concluir que el cuerpo se esté preparando para la escasez de alimentos. Si el ánimo bajo o la somnolencia intensa persisten y dificultan el trabajo, los estudios o las tareas cotidianas, hay motivos para consultar a un profesional sanitario sin esperar a la primavera.
Para preparar la consulta, puede ayudar anotar «desde cuándo ocurre», «cómo han cambiado el sueño y el apetito» y «si sucedió en la misma época del año pasado». Por ejemplo, en lugar de decir «con el frío me encuentro un poco mal», se puede concretar: «Desde el otoño me cuesta levantarme, llego tarde con más frecuencia y ya no disfruto de cosas que antes me gustaban». No es una lista para autodiagnosticarse, sino una forma de ordenar y comunicar las dificultades.
Entre los tratamientos del trastorno afectivo estacional se encuentran la fototerapia, la psicoterapia y los medicamentos. Un profesional sanitario puede ayudar a elegir opciones adecuadas a los síntomas y al estado de salud de cada persona.[5] Una metáfora sobre los animales puede aliviar la tendencia a culparse, pero no debería convertirse en una razón para posponer la atención necesaria.
¿Hasta dónde ha llegado la investigación sobre la hibernación artificial?
Si fuera posible inducir un estado de bajo metabolismo cuando se necesitara, quizá tendría aplicaciones médicas o serviría para los vuelos espaciales de larga duración. Esta idea impulsa la investigación sobre cómo provocar estados similares al torpor en animales.
En un estudio de 2023, Yang y sus colaboradores aplicaron estimulación por ultrasonidos en el área preóptica del hipotálamo y redujeron la temperatura corporal y el metabolismo de ratones. Al ajustar la estimulación según las mediciones de temperatura, consiguieron mantener el estado similar al torpor durante más de 24 horas. También se comunicó un descenso de la temperatura corporal en ratas, que normalmente no presentan torpor.[4]
Se trata de un experimento en animales destinado a estudiar los mecanismos nerviosos que regulan el metabolismo y las formas de controlarlos. No demuestra que se haya desarrollado un dispositivo que permita a una persona dormir durante meses de forma segura. Enfriar el cuerpo tampoco equivale al torpor en el que un animal entra mediante regulación fisiológica, y estos resultados no deben interpretarse como un método que una persona pueda intentar reproducir por su cuenta.
Ir más allá de «¿cuántos meses ha dormido?»
Al observar un animal que hiberna, resulta más fácil comprenderlo si combinamos tres preguntas: «¿Cuánto ha disminuido su consumo de energía?», «¿Cómo ha evolucionado su temperatura corporal?» y «¿Presenta el cerebro características de sueño o de vigilia?».
Los osos pueden reducir mucho el metabolismo mientras mantienen una temperatura corporal relativamente alta, y los animales pequeños pueden alternar episodios de torpor profundo con recalentamientos. Además, bajo una misma palabra, hibernación, caben distintas formas de manifestarse el sueño. Que un animal permanezca inmóvil en su guarida no significa que su cuerpo se haya detenido por dentro.
La metáfora del «modo de bajo consumo» sirve como punto de partida para imaginar cómo un animal atraviesa una estación gastando menos energía. Si a partir de ahí distinguimos el gasto energético del cuerpo del sueño del cerebro, la hibernación se vuelve mucho más interesante. Y ante el malestar humano del invierno, conviene ir más allá de la metáfora y observar de forma concreta qué está cambiando en la vida cotidiana.
Referencias (7)
[1] Ruf & Geiser (2015), Daily torpor and hibernation in birds and mammals. Revisión y comparación del torpor diario y la hibernación. https://onlinelibrary.wiley.com/doi/10.1111/brv.12137
[2] Heller & Ruby (2004), Sleep and Circadian Rhythms in Mammalian Torpor. Revisión sobre la relación entre el sueño y el torpor. https://www.annualreviews.org/content/journals/10.1146/annurev.physiol.66.032102.115313
[3] Royo et al. (2019), Daily Torpor and Sleep in a Non-human Primate, the Gray Mouse Lemur (Microcebus murinus). Estudio de pequeña escala en animales en cautividad. https://www.frontiersin.org/journals/neuroanatomy/articles/10.3389/fnana.2019.00087/full
[4] Yang et al. (2023), Induction of a torpor-like hypothermic and hypometabolic state in rodents by ultrasound. Estudio de intervención en roedores. https://www.nature.com/articles/s42255-023-00804-z
[5] NIMH, Seasonal Affective Disorder. Información médica oficial sobre el trastorno afectivo estacional. https://www.nimh.nih.gov/health/publications/seasonal-affective-disorder
[6] Tøien et al. (2011), Hibernation in black bears: independence of metabolic suppression from body temperature. Investigación original sobre el oso negro americano. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/21330544/
[7] Tøien et al. (2026), Automated sleep scoring in hibernating and non-hibernating American black bears. Investigación original de validación de un método de clasificación del sueño. https://journals.plos.org/plosone/article?id=10.1371/journal.pone.0352640

