Puedes vivir por tu cuenta. Sacas adelante el trabajo. Sabes cómo darte un respiro, con un paseo o un baño, por ejemplo. Y, aun así, no sientes que hayas descansado. En esa situación, no hace falta concluir que te falta independencia.
Conviene distinguir tres cuestiones: si la carga del día supera lo que permite recuperar el descanso, si tienes personas o lugares en los que apoyarte con confianza, y si intervienen problemas de sueño o de salud física. Saber organizar tu vida y tener las condiciones necesarias para que el cansancio disminuya son cosas distintas.
En este artículo, «recuperarse» significa que el cansancio cotidiano se alivie y que sientas que has descansado. No se refiere al diagnóstico ni al tratamiento de una enfermedad concreta. Revisaremos las relaciones, el trabajo y algunos ajustes de la cama, pero estos aspectos por sí solos no permiten identificar la causa de la fatiga.
¿El estudio de Harvard demostró que basta con tener uno o dos amigos?
No es una investigación que recomiende ese número de amigos para todo el mundo. Lo que conviene retener del Harvard Study of Adult Development es la relación entre la calidad y la satisfacción de las relaciones personales, por un lado, y la felicidad y la salud, por otro. [1][2]
El estudio Grant, uno de los puntos de partida de esta investigación, comenzó en 1938 y siguió a 268 hombres de Harvard. Junto con los 456 hombres de Boston del estudio Glueck, se han estudiado las trayectorias de dos cohortes que sumaban 724 participantes. Durante un periodo prolongado se han recogido entrevistas, cuestionarios e información sobre la salud. Más adelante, la investigación se amplió a sus cónyuges y a la siguiente generación. [1][2]
Sin embargo, un estudio observacional de larga duración no permite afirmar que las buenas relaciones sean por sí solas la causa de una mejor salud. La muestra inicial también tenía limitaciones en cuanto a género y procedencia geográfica. La investigación no demostró eslóganes como «para ser feliz necesitas pareja», «basta con tener dos amigos de verdad» o «la persona más fuerte es la que no depende de nadie».
Para trasladar estos hallazgos a la vida cotidiana, puede ser más útil preguntarte si tienes a quién acudir cuando lo necesitas, si puedes mostrarte vulnerable sin recibir ataques y si se te respeta cuando discrepas, en lugar de intentar aumentar tu lista de contactos. Son preguntas prácticas inspiradas en la investigación, no un requisito sobre cuántas personas debes conocer.
¿Ser independiente es lo mismo que no necesitar a nadie?
No. Aunque puedas organizar tus horarios y las tareas de casa, habrá días en los que quieras que alguien te escuche o te eche una mano.
A veces se llama autorregulación a la capacidad de ajustar las propias emociones y conductas, y corregulación al proceso de recuperar la calma mediante la interacción con alguien de confianza. La Social Baseline Theory ofrece un marco para explicar cómo la expectativa de contar con vínculos sociales puede modificar la carga que suponen el riesgo y el esfuerzo. No es una teoría que diagnostique la fatiga de una persona concreta ni una garantía de que «el contacto físico te curará». [3]
Por ejemplo, escribir un problema a solas puede ayudarte a ordenar las ideas. O puede que el peso empiece a disminuir cuando se lo cuentas a un amigo de confianza y te dice: «Vamos a pensarlo juntos». Está bien recurrir a ambas formas de apoyo.
Concentrar todo el apoyo cotidiano y emocional en una sola persona puede dejarte en una situación difícil cuando esa persona no esté disponible. Eso tampoco significa que debas aspirar a no necesitar a nadie. Otra posibilidad es contar con varios apoyos que encajen contigo, como amistades, familiares, compañeros de trabajo, personas de tu comunidad o profesionales.
¿Por qué puedes seguir sin sentirte descansado después de pasear o bañarte?
A veces conviene mirar el equilibrio entre la carga y el descanso, más que contar cuántas maneras de recuperarte tienes.
Pasear, hacer ejercicio, ir a aguas termales, ducharte a una temperatura agradable, ver imágenes de naturaleza, jugar, crear o poner en palabras lo que sientes. Aunque reserves tiempo para estas actividades mientras trabajas o buscas otro empleo, puede ser difícil sentir que has descansado lo suficiente si al día siguiente vuelve la misma carga excesiva. Antes de convertir el descanso en otra tarea que tienes que encajar en la agenda, merece la pena buscar qué fuentes de desgaste puedes reducir.
Imagina que un paseo nocturno te ayuda a tranquilizarte un poco, pero a la mañana siguiente tienes que volver a un trabajo en el que nunca sabes por qué te van a reprender. Puedes entenderlo así: el paseo sí tiene valor, pero por sí solo no puede cambiar los problemas del trabajo.
También hay personas que disfrutan de estar a solas y, al mismo tiempo, sienten que les faltan ocasiones de ser escuchadas. Pero no se puede concluir que alguien sigue con cansancio «porque le falta una base segura». Esta idea puede servir como una perspectiva desde la que revisar por separado la carga, el descanso, las relaciones y el estado físico.
¿Necesitas pareja o contacto físico para apoyarte en alguien con confianza?
Tener pareja y recibir contacto físico no son requisitos indispensables para recuperarse.
Que alguien a quien quieres te abrace, te acaricie, duerma a tu lado o te acoja sin exigir una explicación detallada. Para quienes disfrutan de estas experiencias, pueden ofrecer un apoyo diferente al de un paseo o una ducha. Otras personas no se sienten cómodas con el contacto, duermen mejor solas o encuentran más seguridad hablando. El contacto físico requiere el consentimiento de ambas personas en cada ocasión.
«Hoy prefiero que me escuches en vez de buscar soluciones». «Ahora no quiero que me toquen». «Me gustaría que te quedaras conmigo un rato». Lo importante es poder expresar estos deseos y saber que una negativa también se respetará. No se trata de exigir que la otra persona adivine lo que sientes sin que se lo expliques.
Aquí utilizamos «base segura» como una imagen de una relación o un lugar donde puedes pedir ayuda sin forzarte. Puede encontrarse en la amistad o en la familia; empezar una relación de pareja o casarse no la proporciona automáticamente.
¿Tener pocos amigos en el trabajo hace que te canses más?
El número de amigos no basta para saberlo. Conviene observar si puedes prever cómo se organiza el trabajo y si el entorno permite pedir ayuda sin exponerte fácilmente a consecuencias negativas.
Estas seis condiciones pueden servir como ejemplos concretos para revisar tu lugar de trabajo:
- Entiendes los objetivos y las prioridades del trabajo
- Los cambios de instrucciones o de criterios de evaluación se comunican con antelación
- Sabes quién toma las decisiones y hasta dónde llega tu responsabilidad
- Puedes pedir aclaraciones sin recibir reproches, y las decisiones que tomas dentro de lo acordado no se invalidan después con criterios nuevos
- Puedes comunicar errores o dudas sin recibir ataques personales ni represalias
- Sabes a qué responsable, compañero o servicio de apoyo acudir cuando tienes un problema
En el trabajo siempre puede haber cambios. Más que eliminarlos, importa compartir sus motivos y las prioridades, y poder resolver instrucciones contradictorias. Incluso en una oficina donde se conversa mucho, la ausencia de estos mecanismos puede resultar desgastante.
La OMS incluye entre los riesgos para la salud mental en el trabajo las cargas excesivas, el escaso control sobre las tareas, la falta de claridad en las funciones, el poco apoyo de los compañeros y el acoso. También destaca medidas de la organización, como mejorar las condiciones laborales y formar a los responsables. Estos problemas no deberían resolverse únicamente con «piensa de forma más positiva» o «ve a las reuniones sociales de la empresa». [4]
¿Qué puedes cambiar antes de exigirte más fortaleza?
Conviene pensar en paralelo en cómo descansas y en cómo ajustar el entorno que genera la carga.
Por ejemplo, si te asignan dos entregas para el mismo día, puedes preguntar: «¿Cuál de las dos tiene prioridad hoy? ¿Para cuándo puede quedar la otra?» y dejar constancia del acuerdo. Así haces visible una decisión pendiente, en vez de seguir asumiendo a solas unas condiciones contradictorias.
Si hablar del problema no cambia la situación, puedes considerar revisar la carga de trabajo, tomar un descanso o una licencia, acudir a los servicios de salud laboral o de orientación, solicitar un traslado o cambiar de empleo. Las opciones disponibles dependen de los ingresos, los sistemas de apoyo y el estado de salud de cada persona. No es una recomendación general de dejar el empleo de inmediato. [4]
En la vida privada también importa poder hablar de seguridad, aceptación, preferencias sobre el contacto, apoyo a los proyectos de cada persona y reparto de las responsabilidades cotidianas. Entre «que la otra persona cargue con todo» y «resolverlo todo a solas en cualquier circunstancia» hay muchas posibilidades.
Apoyarse mutuamente no exige devolver cada día exactamente lo mismo ni que ambas personas puedan vivir siempre sin ayuda. Una enfermedad, una discapacidad o el desempleo pueden hacer que, durante un tiempo, una persona necesite más apoyo que la otra. Importa poder hablar de lo que resulta excesivo y de los límites, y buscar ayuda fuera de la relación cuando haga falta.
¿Hay una postura «correcta» que haga que el cuerpo se sienta seguro?
No existe una postura universal para dormir que calme de forma garantizada el sistema nervioso de todo el mundo. Conviene distinguir los ajustes que reducen la carga física de una postura y el hecho de que esa postura produzca o no una sensación de seguridad.
La guía de Mayo Clinic sobre posturas para dormir presenta colocar una almohada entre las rodillas al dormir de lado, o debajo de ellas al dormir boca arriba, como formas de reducir la carga sobre la espalda. No promete que estos ajustes traten la ansiedad o el insomnio. [5]
Los ejemplos que siguen son orientaciones generales para que las personas adultas exploren cómo descansar con más comodidad. Si tienes indicaciones sobre la postura por dolor, circunstancias del embarazo, una enfermedad respiratoria o una operación reciente, consúltalo con el profesional sanitario que te atiende. No apliques estas pautas al sueño de bebés o niños pequeños.
Si descansas de lado, ¿cómo puedes apoyar las rodillas y el cuello?
Túmbate de lado y flexiona ligeramente las rodillas. Empieza con una flexión suave, sin llevarlas hasta el pecho como si te hicieras un ovillo.
- Pon una almohada o una manta enrollada entre las rodillas
- Ajusta la almohada de la cabeza para que el cuello no quede muy doblado hacia un lado
- Si no sabes dónde dejar los brazos, coloca una almohada corporal o parte del edredón delante del pecho
- Usa un cojín detrás de la espalda si te resulta cómodo y retíralo si estorba
- No te encojas tanto que sobrecargues los hombros, la zona lumbar o las rodillas
La almohada entre las rodillas puede ayudar a reducir la torsión de la pelvis y la columna. [5] Que el apoyo por delante y por detrás resulte tranquilizador varía de una persona a otra. Sentir que estar rodeado de almohadas te da seguridad no significa que se haya medido un estado de seguridad en tu sistema nervioso.
No necesitas inmovilizarte con cojines. Colócalos de manera que puedas girarte, no te tapen la cara ni las vías respiratorias y puedas moverlos fácilmente por tu cuenta.
Si estás cómodo boca arriba, ¿puedes probar una almohada bajo las rodillas?
Si dormir boca arriba te resulta agradable, puedes probar a colocar una almohada o una manta enrollada debajo de las rodillas. Un pequeño apoyo puede aliviar la musculatura lumbar y facilitar que se mantenga la curvatura natural de la zona baja de la espalda. [5]
Deja las manos donde te resulte cómodo: sobre el abdomen, el pecho o a los lados. Pensar en «dejar que el suelo o el colchón sostengan el cuerpo» es una imagen que puede ayudarte a aflojar la tensión, no una secuencia que produzca un efecto fisiológico determinado.
Sin embargo, esta posición puede no ser adecuada para quien ronca o tiene problemas respiratorios al dormir boca arriba. Si hay ronquidos fuertes, pausas en la respiración durante el sueño, despertares con jadeos o mucha somnolencia durante el día, conviene consultar con un profesional sanitario sobre la posibilidad de apnea del sueño. En algunos casos se recomienda dormir de lado, pero ajustar la postura no sustituye las pruebas ni el tratamiento que pueda ser necesario. [7][8]
¿Puedes dormir toda la noche en la postura del niño?
No se recomienda como postura para pasar toda la noche. La postura del niño, en la que te arrodillas y te inclinas hacia delante, puede considerarse una opción para descansar brevemente o estirar con suavidad antes de acostarte.
Si la pruebas, separa las rodillas hasta una anchura cómoda y, si lo deseas, coloca una almohada bajo el pecho o la frente. No tuerzas el cuello, no contengas la respiración y mantente dentro de un rango sin dolor. El objetivo no es aguantar mucho tiempo: quédate solo un momento que resulte agradable y después pasa a una posición que te permita dormir con comodidad, por ejemplo, de lado. [6]
Interrumpe la postura si te duelen las rodillas, los tobillos, el cuello u otras zonas, o si notas presión en el pecho o el abdomen. Si te falta el aire o te mareas, vuelve a una posición cómoda sin forzarte. Si el embarazo, problemas articulares u otras circunstancias pueden hacer que no sea adecuada para ti, no te obligues a probarla y consulta con un profesional sanitario o un instructor cualificado.
Bajar la cabeza no garantiza que te tranquilices. Basta con entender esta postura como algo que a algunas personas les ayuda a marcar el final del día: «Por hoy, ya está».
Cinco preguntas al preparar una cama que te haga sentir apoyado
Puedes tumbarte de lado con las rodillas ligeramente flexionadas, colocar una almohada corporal delante del pecho, otra entre las rodillas y, si te ayuda, un cojín detrás de la espalda, y cubrirte con una manta o un edredón. Es una combinación posible; no hace falta reunir todos los elementos.
Prueba poco a poco apoyos que te permitan dejar los brazos y las piernas con comodidad. Retira algunos si sientes demasiada presión y usa menos abrigo si tienes calor. Aunque el peso de las mantas te resulte agradable, no acumules tantas que dificulten moverte o respirar. Da prioridad a poder retirarlas fácilmente sin ayuda y no te cubras la cara.
Estas cinco preguntas pueden orientarte al ajustar la cama:
- ¿Puedes respirar con facilidad?
- ¿Se mantienen sin dolor el cuello, los hombros, la zona lumbar y las rodillas?
- ¿La temperatura es cómoda, sin demasiado calor?
- ¿Te despiertas sin entumecimiento?
- ¿Sientes que te resulta un poco más fácil descansar?
La última pregunta es una valoración subjetiva, no un diagnóstico del estado del sistema nervioso. Si el dolor o el entumecimiento persisten, consulta con un profesional sanitario en vez de intentar resolverlos únicamente cambiando la cama. Las almohadas y las mantas no sustituyen las relaciones con otras personas, pero pueden ayudar a crear condiciones en las que el cuerpo descanse con más comodidad.
Conclusión: reduce una barrera al descanso en lugar de demostrar tu independencia
Si puedes sostener tu vida cotidiana y aun así no se te pasa el cansancio, no tienes por qué concluir que «debo ser más fuerte». Puedes considerar por separado cómo reducir una carga excesiva, contar con relaciones en las que pedir ayuda con confianza y preparar condiciones que permitan descansar al cuerpo.
El primer paso puede ser pequeño. Aclarar una prioridad del trabajo. Preguntar a alguien de confianza si puede escucharte un momento. Probar si una almohada entre las rodillas te resulta cómoda. Ninguna de estas opciones es una receta que funcione para todo el mundo; son pequeñas decisiones para descubrir qué encaja contigo.
Si la fatiga o los problemas de sueño continúan, interfieren en tu vida diaria o se acompañan de mucha somnolencia o alteraciones respiratorias, consulta con un profesional sanitario. No intentes resolverlo todo únicamente mediante las relaciones personales o los cambios de postura.
Pedir ayuda no es un fracaso de tu independencia. Puedes valorar lo que sabes hacer por tu cuenta y, al mismo tiempo, reducir las cargas que no necesitas llevar a solas. Hay espacio para ambas cosas.
Referencias (8)
[1] Harvard Gazette, Good genes are nice, but joy is better (explicación de los hallazgos por los investigadores): https://news.harvard.edu/gazette/story/2017/04/over-nearly-80-years-harvard-study-has-been-showing-how-to-live-a-healthy-and-happy-life/
[2] Harvard Study of Adult Development, Grant and Glueck Study (composición e historia de la investigación): https://www.adultdevelopmentstudy.org/grantandglueckstudy
[3] Coan & Sbarra, Social Baseline Theory: The Social Regulation of Risk and Effort (revisión teórica): https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC4375548/
[4] WHO, Mental health at work (riesgos laborales y medidas de prevención): https://www.who.int/news-room/fact-sheets/detail/mental-health-at-work
[5] Mayo Clinic, Sleeping positions that reduce back pain (postura y carga física): https://www.mayoclinic.org/diseases-conditions/back-pain/in-depth/sleeping-positions/art-20546852
[6] Cleveland Clinic, Child’s Pose (instrucciones y precauciones): https://health.clevelandclinic.org/childs-pose
[7] NHLBI, Sleep Apnea: Symptoms (síntomas por los que conviene consultar): https://www.nhlbi.nih.gov/health/sleep-apnea/symptoms
[8] NHLBI, Sleep Apnea: Treatment (tratamiento y papel de los ajustes posturales): https://www.nhlbi.nih.gov/health/sleep-apnea/treatment


